—Era para que supieras que no hay nada entre ella y yo como te lo imaginas —soltó Damian con una frialdad que pretendía ser honestidad—. En cuanto a cómo se dirige a mí, admito que no la corregí a propósito. Una razón es que nunca te enojaste por eso, y la otra razón es…
Damian se detuvo de repente, clavando en Adelina una mirada tan profunda e intensa que parecía querer perforar su armadura.
Adelina sentía que la sangre le hervía. ¿Que ella nunca se enojaba? El desprecio en su rostro era eviden