Adeline hizo como si no hubiera oído a Sienna y se volvió hacia la niña. —¿Está bueno, Valentina? ¿No está muy salado?
Valentina sonrió radiante mientras negaba con la cabeza. —¡Está delicioso! Tu risotto es el mejor del mundo, Adeline. Mi tío me llevó al restaurante Granvia diciendo que el de allí era el mejor de Entora, pero no le llega ni a la suela de los zapatos al tuyo.
Adeline sonrió con ternura y acarició el cabello de la pequeña. —Gracias por el cumplido, cariño.
Sienna colocó un tazón