Damian estaba sentado en un sillón, leyendo una revista de negocios. Alzó la vista ante el pequeño alboroto, notó la sonrisa amarga de Sienna y dijo con tono calmado:
—Es solo una niña, no te lo tomes a pecho. Hablaré con ella más tarde.
Sienna se acercó a Damian y se sentó con naturalidad en el brazo de su sillón, sonriendo con dulzura. —Dami, ¿cómo podría guardarle rencor a una niña? No pasa nada, no tienes que decirle nada. Sé que no lo decía con mala intención. Es solo que, a mis ojos, Valen