l chófer que Sebastián le había encontrado venía esta mañana. Adelina tenía que reunirse con él, charlar un rato y, si le parecía adecuado, llevarlo a casa de sus abuelos maternos antes de volver a Mount Ardwood. Era un paso crucial para recuperar su autonomía. Cuando entraron al comedor y no vieron a Damian, Maya no pudo evitar preguntarle a Helena: —¿Dónde está Damian? —Salió a correr —respondió Helena con sencillez.
Apenas había terminado de hablar cuando Damian entró. Adelina pensó que estab