Adeline tenía la certeza de que ese hombre no podía conciliar el sueño y la había interceptado solo para fastidiarla. ¡Qué retorcido sentido del humor tenía!
—Bien. Solo tengo una palabra para ti... —dijo ella con firmeza.
Mientras hablaba, la ceja de Damian se tensó ligeramente y su expresión se volvió de disgusto, como si hubiera adivinado exactamente lo que estaba por salir de su boca. —Divorcio —sentenció Adeline. —Esa es la palabra.
Damian no dejó de mirarla ni un segundo. Tras un instante