Estando ahí, rodeada de las huellas de su madre, Adeline sintió un torbellino de emociones. Cada rincón del estudio gritaba el nombre de Bethany, recordándole un pasado lleno de luz que ahora parecía cubierto por las sombras de la traición. Pero sabía que no podía perder tiempo; si Arthur, Vanessa o Sienna regresaban, tendría problemas legales.
Había nueve cuadros en el estudio: ocho terminados y uno que Bethany dejó a medias antes de morir. Adeline los guardó rápidamente en tres cajas de cartón