Damian la miró con una indiferencia gélida, sin pronunciar palabra, y se dirigió al sofá con la elegancia de un depredador en reposo absoluto. Helena terminó de disponer la cena sobre la mesa con manos rápidas; el aroma de la lubina al vapor con jengibre y el guiso de cordero llenó la estancia VIP. Adeline había dejado claro que no quería más papillas insípidas de hospital; su espíritu exigía algo más sólido, algo que la hiciera sentir viva en medio de tanta decadencia emocional.
Comieron en un