León parecía tener la misma preocupación y los siguió de cerca, cuidando cada paso de Adeline. Ella sabía que los gustos de su colega eran diferentes y trató de tranquilizarlo para que pudiera disfrutar de la cena: —León, está bien. Ve a buscar lo que quieras comer, no tienes que escoltarme cada segundo. Maya está conmigo.
León no tuvo más remedio que asentir y caminar hacia el otro lado del buffet, aunque no dejaba de lanzar miradas vigilantes hacia ellas.
Maya se inclinó hacia Adeline y susu