Adeline se inclinó hacia Damian y susurró con urgencia: —Diles que se vayan.
Damian la miró con sus ojos oscuros, tan serenos e indescifrables como un pozo antiguo, y respondió en voz baja:
—No te pongas nerviosa. Solo saludarán y luego se marcharán.
Adeline lo fulminó con la mirada, con el corazón desbordando resentimiento. Damian nunca la había visto dirigirle una expresión de tanto desprecio. Se quedó atónito por un instante, entrecerrando los ojos mientras la observaba alejarse emocionalmen