Por Gonzalo
Me acerqué a la oficina de mi padre.
-Fui a conocer a Sofía.
Le digo, aunque ya lo debe saber.
-Me equivoqué al irme de casa.
Me cuesta mucho decir esas palabras, lo raro es que con Elizabeth, mientras le pedía perdón, una y mil veces, era más fácil tocar el tema.
-Me alegra que hayas recapacitado.
Me asombré, cuando esperaba un monólogo acusatorio, sus palabras fueron otras.
Eso me animó a contarle lo que me estaba sucediendo.
También le conté sobre mi casi certeza que el abogado