Por Elizabeth
Por la tarde, temprano, vinieron Mónica y Damian a conocer a Sofía, así llamé a mi princesa.
No pararon de decir lo hermosa que era.
La llenaron de regalos.
En un momento Damián, que había tratado de no mirarme a los ojos, se me acercó.
-Perdón, Eli, tenía las manos atadas, no podía decir nada.
-Damian, si alguién tiene que pedir perdón no sos vos, a esta altura ni siquiera él, me dejó en claro que ya no me amaba y que ni siquiera me quiere un poco, me aclaró que no quería que Mat