26. Nos volvemos a encontrar
Con cada paso que daba sentía como los latidos de su corazón iban en aumento, en especial porque el rubio no había soltado su mano en ningún momento y obviamente los reporteros no habían demorado en darse cuenta de ese pequeño detalle.
—¡Señor Reed, puede decirnos ¿quién es la señorita!?—los gritos y la algarabía llenaban la entrada del hotel, pues aunque ahora viéndolos bien, no eran más de cuatro o cinco reporteros, todos gritaban al tiempo consiguiendo aturdirla.
Nada más escuchar las insin