84. Se queda conmigo
Aurora se aferró al volante, sus nudillos tornándose blancos mientras la tormenta arremetía fuera. El sonido de las gotas de lluvia golpeando el techo del auto se mezclaba con la intensidad de su respiración. La figura de Rodrigo fuera del vehículo era un espectro borroso en medio del aguacero.
—Vas a bajar del auto ahora mismo —dijo el hombre con un tono que sugería que no había margen para la discusión.
Aurora lo miró, sintiendo un nudo de temor en su garganta. Se sentía tonta por haber creíd