Franco:
Su cuerpo reposa apegado al mío; tan cálido, suave y oloroso, como si estuviese diseñada con pluma de ángel. Deslizo mis dedos a lo largo de su espalda, dibujando siluetas a la altura de su cintura. Su respiración roza la piel de mi pecho y mechones de su cabello se encuentran dispersos sobre ambos, como si de una sirena se tratase, tan hermosa y divina.
Suspiro profundamente y pienso que quizá lo que acabamos de hacer está mal. Fue maravilloso, debo admitirlo, pero no lo correcto. «¡D