La tumbó en la cama, intentando no echar todo el peso de su cuerpo encima de Amelia. Una de sus manos se deslizó por el muslo de Amelia que estaba cerca de su cadera.
Acurrucado entre sus muslos, la miró con ojos azules llenos de intensa devoción.
- ¿Va todo bien? - preguntó rozando la punta de su nariz con la de ella. - Pararé si tú quieres.
Amelia negó con la cabeza, deseándolo tanto como él.
- Te deseo. - Susurró contra sus labios, mordisqueando su trasero y chupando. - Estoy segura de ello.