-Senkai… - pronunció el nombre del pequeño, con tanta emoción en la voz, que pensaba que se le iba a desgarrar el corazón.
Era su hijo, el mismo que había soñado en este mismo lugar, hacía unos cuantos años.
- Papá, papá… - dijo el pequeño, con su vocecita impregnada de orgullo – Mamá me mostró la cicatriz del árbol sagrado, la cicatriz de la leyenda.
- ¿A sí? – le preguntó, mirando a Naiara con cierta diversión, como si ella lo estuviera metiendo en un compromiso a propósito.