59. ¿Es así como quieres ayudar a mi prometida?
Cuando Lia Taylor pasó por allí, se desestabilizó y casi cae al suelo. Ella, a pesar de que no estaba muy acostumbrada a ir en tacones, logró estabilizarse y seguir caminando hasta el final donde sonrió a los fotógrafos tal y como lo hizo la primera vez, algo sonrojada por el traspié.
Maldita sea, pensó ella, estaba demasiado nerviosa como para ponerse más nerviosa, ni siquiera se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que alguien le hubiera querido saborear. Solo creyó que era torpe,