Aunque estaban de vuelta en casa, el corazón de Lía aún danzaba en un vaivén de emociones. Se sintió desbordada, incapaz de ordenar sus pensamientos. Pese a la alegría evidente de Evan, ella no podía evitar cuestionarse cómo había sucedido. No había olvidado tomar ningún anticonceptivo; su rigurosa rutina lo impedía. Finalmente, se rindió ante la idea de que, a veces, estas cosas simplemente fallan.
Evan, ajeno a la tormenta interna de Lía, se había quedado fuera con Ian, disfrutando del aire f