Laia.
Había pasado un día desde que pude controlar el agua del río, o por lo menos hice el intento. Después de eso, seguí esforzándome para hacerlo con el grifo del lavabo, y sorprendentemente lo estaba manejando mejor al ser una pequeña cantidad.
El problema era que me cansaba muy rápido al hacerlo. Moví mi mano, guiando a la poca agua que pude contener en el aire y la deslicé hasta que la lancé hacia la puerta.
Me quedé en shock porque no esperaba que alguien la abriera justo en el momento en