Laia.
—¿C-casarnos? —balbuceé.
Las palabras de Caleb me habían dejado en el limbo porque jamás me imaginé que él me pediría algo así.
En el mundo de los hombres lobo, era normal que las parejas se casaran por la obligación del vínculo que poseían, pero casarse iba mucho más allá que el amor que ambos pudiéramos sentir.
Unirnos en un matrimonio implicaba tener hijos, sernos fiel hasta la muerte, porque cualquier infidelidad sería castigada por la luna misma ya que era un compromiso más serio. Cl