Laia.
—Laia, tenemos que hablar de algo importante —comentó Caleb, irrumpiendo en mi habitación.
Yo recién había salido de bañarme y estaba sola, no pensé que alguien a parte de Zoé o Leo entrara sin permiso, por lo que no le puse seguro a la puerta.
Me cubría una simple toalla blanca y las gotas recorrían mi piel. Me quedé pasmada al ver que Caleb no decía ni una sola palabra.
—¡Salte de aquí! ¡Pervertido! —exclamé, lanzándole unos zapatos que encontré—. ¿No sabes tocar la puerta?
—Es mi mansi