Laia.
Al final tuvimos que quedarnos en el hotel y Caleb no quiso alquilar otra habitación, por lo que terminé decidiendo yo.
—No pensé que me haría caso —resoplé, sentada en la orilla de la cama.
—¿Por qué no? Si Caleb está loco por ti —dijo Morgana, risueña.
Desvié la mirada cuando la vi salir del baño sin ropa. Se había duchado, pero no pensé que no traería ni una toalla encima. Al parecer estaba orgullosa de su figura.
Pechos firmes y redondos, caderas grandes, cintura de avispa y por no om