PIERRE LEMOINE.
— ¡Necesito dinero Maurice! Estoy hasta el cuello en deudas. —tomé la botella de un solo trago.
— ¿Y tus padres?
—Ese viejo avaro ya no es tan rico como antes. No va a prestarme nada, estoy casi desheredado. —Esa maldita de Nicolle Belmonte era mi boleto a una vida segura, pero el desgraciado del conde Castelo se atravesó en mi camino. — ¿Y qué sucede contigo Maurice?
—Esmee Belmonte...
—La ramera mayor. —Maurice me miró con una expresión sombría.
— ¡No hables así de ella!
—De