JESÚS CASTELO
Nicolle se terminaba de arreglar y en su cuello colgaban las joyas que le había regalado, se veían hermosas en su fino cuello. Me acerqué, ella me miró por el reflejo del espejo y sonrió.
—Luces hermosa.
—Gracias Mon coeur. —se giró, me incliné para besarla con fervor. Besar sus labios siempre me resultaba dulce y adictivo.
Seguía besándola y ella me separó con una sonrisa en los labios.
—Mon coeur llegaremos tarde. —Besé su cuello y la escuché reír — ¡Jesús!
—Mon Amour, tú er