NICOLLE
Él se durmió entre mis brazos, acaricié su cabello. Mi conde pesaba mucho y con cuidado de no quedar atrapada, me corrí a un lado y lo acosté en la cama, sonreí al verlo dormido. Aparté los mechones largos de su amplia frente.
Cuando dormía podía verlo de otra manera, su rostro durmiendo reflejaba las marcas de su preocupación, había unas pequeñas arrugas sobre su entrecejo. Pero aun así no dejaba de ser mi atractivo conde. Yo estaría con él siempre.
—Te amo demasiado. —besé su mano. —