En todo el salón flotaba el intenso aroma del caldo del estofado, algo totalmente inusual en la prisión.
—¿Qué quieres tú? Yo solo... ¡quiero ver a Luna! Pero está muy ocupada, por lo tanto, no quiero molestarla... —dijo Nadia.
Nadia, con su pequeña cabeza girando en todas direcciones, pensó en otra cosa y cambió de inmediato tema.
—José, ¿qué dijo el doctor sobre mi bebé? ¿Sigue en mi vientre?
—¿Quieres a ese bebé? —Preguntó José algo curioso frunciendo los labios.
—Sí —afirmó Nadia con la cabe