Esa era la realidad, cruel y muy dolorosa, pero no tenían más remedio que aceptarla.
—No me importa cómo lo hagas, pero definitivamente cúrala.
—Es ella quien no quiere despertar, está rechazando por completo el tratamiento. Si sigue así, ni siquiera Dios podrá curarla.
Andrés no tenía en mente abandonarla.
—Si en Astraluna no pueden curarla, me la llevaré directo al extranjero. Hay gran cantidad hospitales, seguro que hay alguien que puede solucionarlo.
Leonardo no se había equivocado, Andrés s