Ada se cayó y de inmediato sintió un dolor muy punzante en el abdomen, con un flujo de calor debajo de ella. Leonardo se acercó de inmediato para ayudarla a levantarse.
—Ada, ¿cómo estás? —le preguntó bastante preocupado.
Ada lo empujó con gran disgusto, con una expresión aturdida, pareciendo algo fuera de sí.
—Yo... yo tengo que ir a buscar en este momento a Simón, tengo que ir con él —murmuró muy aturdida.
Leonardo la vio irse como una loca a perseguir a Simón. Sin importarle la mancha de san