El pabellón estaba en un completo caos, lleno de cosas rotas por Luna. Había un charco grande de sangre en el piso y las enfermeras aún estaban limpiando. Luna estaba relativamente lúcida, pero su bata de hospital estaba manchada de sangre y su estado era muy débil. Andrés sentía un fuerte dolor en el corazón, como nunca al verla así.
Luna respiraba con gran dificultad y luchaba por liberarse de la cama, mientras gritaba eufórica:
—Ya les dije, no quiero la cirugía, suéltenme...
Sus manos eran s