Luna sostenía la cuchara y frunció el ceño, pero no dijo nada en lo absoluto. No lo miró, pero podía percibir la ardiente mirada del hombre. Llevaba un suéter de color beige, el cabello largo recogido con una sencilla pinza, con algunos mechones sueltos a los lados, su largo y bonito cuello le daba una sensación de suavidad y cercanía. Esa era una sensación que otras mujeres no le podrían dar.
Andrés sabía muy bien que a ella le gustaba el pescado, así que se arremangó la camisa negra y con cuid