El pequeñito descansaba apaciblemente en los brazos de Luna, y cuando un estruendoso trueno resonaba afuera, ella le cubría los oídos con ternura, para que el niño no se despertara...
Andrés se acercó a la cama, tomó el vaso de agua que había sido consumido, pero Luna lo detuvo por un momento. —Tiene medicamento que el niño acaba de tomar —le dijo ella.
Andrés se detuvo y acercó el vaso a su nariz, frunciendo el ceño, antes de dejarlo de vuelta en su lugar.
—No le des tanto medicamento al niño,