—La voz no parecía provenir de alguien mayor, quizás era de una joven dama —le respondió Emma.
Sabiendo que Luna siempre había estado acostumbrada a ir y venir sola y a su antojo, sin mucha habilidad para relacionarse con los demás. En cuanto a la invitación, Emma tampoco se había atrevido a aceptar sin permiso, solo les dijo que le informaría a Luna.
Luna abrió la carta de invitación y echó un ligero vistazo, sin fijarse en el nombre escrito al pie. Bastaba con ver la caligrafía para saber muy