Luna sentía las fuertes miradas de Andrés clavadas en ella, como si quisieran penetrarla por completo. Fingió cierta calma y evitó mirarlo, pero su corazón latía con más fuerza. No sabía muy bien cómo tranquilizarse en su presencia.
—Quiero verlo, pero ¿me dejarás ir?
La pregunta provocó que el rostro de Andrés se enfriara al instante.
—Después de todos estos años, ¿todavía piensas en él? ¿No fue suficiente el precio que pagaste hace cuatro años?
—Eso no tiene nada que ver contigo. El niño está