—Si quieres volver allí, regresaremos en el futuro —respondió con firmeza Andrés.
El hombre ingresó la contraseña y abrió de inmediato la puerta. Al instante, Luna percibió un aroma muy familiar. Era el perfume que ella solía usar. Lo había colocado en el asiento del copiloto del coche de Andrés, pero él lo tiró a la basura.
Al entrar, todos los muebles nuevos ya estaban en su respectivo lugar. El sofá rosa se destacaba muchísimo.
—Hay personal de servicio encargado de las tareas domésticas. A p