Durante todo el día, Luna parecía haber perdido por completo el ánimo y la vitalidad. Aunque su estado de ánimo no le importaba a Andrés, lo que realmente le importaba era tenerla a su lado.
El sofá hamaca era lo suficientemente grande para dos personas, pero Luna no se dio cuenta de que alguien se acercaba por detrás. Andrés la levantó con delicadeza en brazos y la acomodó de costado sobre sus piernas. Sorprendentemente, Luna no ofreció resistencia alguna y se mostró muy dócil.
—Quiero quedarme