Un fuerte escalofrío recorrió la espalda de Luna. Ya no podía soportarlo más. Cuando llegaron al piso 85, de repente se abrió la puerta del pasillo…
—Señor, señorita, pueden tomar por el favor el ascensor…
Luna frunció el ceño. No esperaba que hubiera alguien allí. Su rostro se sonrojó muchísimo de vergüenza. Andrés la miró con gran malicia y dijo lentamente:
—A ella le gusta esta manera.
Mientras hablaba, pensaba acerca de la sutil belleza que había debajo de la falda de la joven…
—¿No te rendi