Luna despertó a las ocho y media de la mañana. Los guardaespaldas se miraron entre sí al verla regresar a la casa. En la sala de estar, los sirvientes ya habían preparado el desayuno. Luna entró en la sala y escuchó un ruido de algo rompiéndose arriba, como si algo se hubiera caído y roto.
Andrés se sentó en el sofá, leyendo la última edición del periódico financiero. Sin voltearse ni mirar hacia atrás, habló:
—Detente, desayuna antes de subir.
Liora estaba bastante ocupada en la cocina. Cuando