—Si no me equivoco, había una rata muerta en esta bolsa, ¿no? ¿Y aun así la usas para llevar comida? ¿No tienes miedo de enfermarte? —preguntó una chica alta y bien vestida con un estilo dulce. Parecía odiar la lonchera de Luna.
—Eres la única en toda la preparatoria que trae su propia comida de casa, ¿verdad? ¿No tienes dinero? ¡Podrías pedirnos prestado! ¡Tenemos suficiente! ¡Podemos dejarte trescientos o quinientos mil! —dijo otra chica.
Las dos seguían tratando de sembrar discordia:
—Ana, ¿v