—Isabel, sal de aquí primero —ordenó Andrés.
Al mismo tiempo, Luna también habló fríamente:
—Todos ustedes, salgan. Mi padre necesita descanso. No lo molesten aquí.
Dicho esto, se dio la vuelta sin prestarles ninguna atención ni ganas de ver su actuación.
—Luna…
Liora parecía querer decir algo, pero se contuvo al instante. Había tanta tristeza en sus ojos, como si alguien le hubiera hecho algo malo. De repente, Luna se convirtió en aquella persona despiadada.
—¡Salgan! —exclamó con rabia Luna