Los cursos en la Academia de Artes de París no eran tan fáciles. Luna ya llevaba una vida muy rutinaria, centrada en comer, dormir y asistir muy juiciosa a clases. Dado que esta era una rara oportunidad de intercambio y aprendizaje, Luna dedicaba la mayor parte de su tiempo a sus estudios.
Después de la escuela por la tarde, Luna siempre llamaba a Gabriel para charlar y distraerse un poco, hablando de cosas cotidianas. El profesor estaba muy ocupado llevando a sus estudiantes a participar en un