Con la excusa de la resaca, Gabriel llevó a Luna a la sala de descanso.
Al entrar en la puerta, Luna le dijo con remordimiento sintiéndose muy culpable:
—Lo siento, la llamada que recibí fue de Frida. No te conté porque no quiero que te enfades. No esperaba que ellas realmente vinieran sin permiso.
En realidad, Gabriel parecía estar bastante borracho, ya que se notaba el evidente cansancio en sus ojos. Había estado ocupado todo el día desde las cuatro de la madrugada, sin haber descansado bien l