Después del examen, Luna se paró en la entrada de la preparatoria sosteniendo un paraguas. La lluvia caía incesante y empapaba sus pantalones y medias. Por lo general, si Gabriel le decía que vendría a recogerla, muy rara vez llegaba tarde.
Esperó casi diez minutos y decidió llamarlo. Pero al marcar su número de teléfono, recibió un mensaje de voz indicando que su número no estaba en servicio.
Luna se frotó suavemente los brazos para quitarse el frío y, con la cabeza agachada, le envió un mensaj