Nadia llamó varias veces su nombre y corrió hacia ella sosteniendo una canasta de fresas. Sonreía como un pequeño ángel, corría muy rápido y el viento desordenaba su flequillo. Luna disminuyó gradualmente la velocidad y la esperó un momento. Nadia llegó a su lado y le dijo:
—¿Por qué llegaste tan tarde hoy? Te esperé mucho. Prueba las fresas que cultivamos.
Luna iba a hablar cuando le metieron una fresa en la boca. Mordió la mitad y le dijo:
—...Gracias, están muy deliciosas.
Nadia inagotablemen