Luna no era la única que había enloquecido.
Andrés le dio un tratamiento básico a las heridas de Luna. Eran heridas muy superficiales y además las tijeras se desinfectaban a diario, así que no tenían que preocuparse por posibles infecciones.
—¿Ahora te sientes mucho mejor? —preguntó Andrés.
El vestido de Luna estaba completamente manchado de sangre. Debido a la pérdida de sangre, su rostro estaba muy pálido. Bajó la cabeza y permaneció en completo silencio.
Andrés apartó un mechón de cabello de