Capítulo 34
—¡Pum!

De repente, se escuchó un fuerte estruendo desde arriba, y Luna miró hacia el techo. Sin perder tiempo, se puso las zapatillas y subió corriendo las escaleras, temiendo que algo le hubiera sucedido a Andrés.

Preocupada, abrió la puerta de la habitación y preguntó:

—Hermano, ¿qué te pasó?

Vio a Andrés tendido en la cama, inclinándose para recoger los fragmentos de un plato roto en el suelo.

—Hermano, yo me encargo de esto. Tú descansa en la cama —dijo Luna mientras caminaba hacia él y arreglaba la almohada detrás de su espalda.

Luego, sacó una escoba y barrió el suelo varias veces, donde había algunas manchas. Tras haber recogido el plato roto, se agachó en el suelo con unas cuantas servilletas y limpió meticulosamente.

La mirada de Andrés se posó en su espalda. Sus ojos estaban entrecerrados y llenos de confusión.

Si no lo estuviera viendo con sus propios ojos, Andrés no habría creído que Luna podía hacer este trabajo de sirvienta. Ella nunca había hecho estas cosas antes.

Él n
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