—¡Pum!
De repente, se escuchó un fuerte estruendo desde arriba, y Luna miró hacia el techo. Sin perder tiempo, se puso las zapatillas y subió corriendo las escaleras, temiendo que algo le hubiera sucedido a Andrés.
Preocupada, abrió la puerta de la habitación y preguntó:
—Hermano, ¿qué te pasó?
Vio a Andrés tendido en la cama, inclinándose para recoger los fragmentos de un plato roto en el suelo.
—Hermano, yo me encargo de esto. Tú descansa en la cama —dijo Luna mientras caminaba hacia él y arre