Luna se dejó caer pesadamente en el sofá, sintiendo un fuerte dolor muy punzante en la cabeza. Intentó levantarse, pero Andrés la empujó de nuevo contra el sofá.
—Has visto a tu hermano, ¿pero por qué té escapaste? ¿Ahora todavía intentas escapar? —dijo Andrés con una sonrisa malévola como un monstruo del infierno.
—¿Qué pretendes hacer? —exclamó Luna acurrucándose en el rincón del sofá, con un miedo evidente en su rostro.
Andrés tomó una caja de pastelitos blancos y bonitos, se sentó a su lado