En medio del sofocante silencio, todos contuvieron la respiración por un momento.
El tiempo pasaba, un segundo, dos, tres…
En realidad, solo Frida se atrevió a decirle semejantes palabras a Sergio. Todos pensaron que Sergio se enfadaría o incluso llegaría a golpearla. Sin embargo, no lo hizo. En cambio, soltó una risa contenida, con los ojos enrojecidos de ira. Al ver su rostro aterrador, Frida se sintió un poco asustada.
Sergio sonrió y dijo:
—Eres más sobresaliente que tu madre, ¡maldita sea!