Shirley ya no se preocupaba tanto. Al final del día, un trabajo es un trabajo, y si era por dinero, podía encontrar otro en cualquier lugar. No valía la pena poner en riesgo su salud por esta situación.
Antes, cuando no había tanto estrés, podía pasar todo el día jugando con su teléfono en el escritorio sin que nadie le dijera nada. Pero desde que María había regresado, sentía que cada día le dolía más la cabeza.
Todo por haber escuchado las tonterías de Álvaro. Al principio, él le había prometi