Dos días después de la llegada de Sofie y de Katrine, la rutina en la mansión parecía haber encontrado un leve equilibrio. Las mujeres se habían instalado, y los niños gozaban como nunca de su madre. Sin embargo, para Mathias eso significaba planear su siguiente movimiento, una de las razones por las que le había pedido a Sofie que se mudara.
Aquella noche, mientras se encontraba repasando los últimos correos en su despacho, su móvil vibró sobre la mesa con insistencia. Al ver el nombre de Kaja