DEREK.
Solté un suspiro antes de tocar el timbre de la casa de mi antigua niñera, Lupita. Observé la canasta entre mis manos, repleta de frutas frescas y frascos de vitaminas. Las compre en el super cercano a la casa, luego ire por lo de la casa. No tenía la menor idea de si ella las necesitaba, pero al menos quería llevarle algo. Respiré hondo, dándome valor, y golpeé la puerta con firmeza.
Pasaron unos segundos antes de que se abriera. Allí estaba ella, con su característico gesto dulce y con